
Las negociaciones entre los presidentes duraron nueve horas y terminaron con un quiebre inédito.
Por Fernando Cibeira
Desde Mar del Plata
“Estoy un poco sorprendido. Acá pasó algo que no tenía previsto”, le dijo
George W. Bush a Néstor Kirchner a manera de despedida. Lo que había sucedido
era que Estados Unidos no pudo imponer una mención de reapertura del ALCA en el
documento final de la IV Cumbre de las Américas que cerró ayer en Mar del Plata.
Luego de horas de nerviosas negociaciones entre los presidentes, no hubo
consenso y salió una declaración que en verdad son dos: incluye una mención a
favor de la reapertura del ALCA presentada por Panamá y apadrinada por Estados
Unidos, y otra del Mercosur y Venezuela, en la que destacan las asimetrías
existentes entre las economías del continente que dificultan la puesta en marcha
de un área de libre comercio. “La cumbre funcionó muy bien. El Mercosur y
Venezuela han obtenido una acción muy importante que han tenido que reconocer
las naciones más importantes”, evaluó por la noche Kirchner, cansado luego de
pilotear las sesiones, que consumieron unas nueve horas.
Pese a lo anunciado, el virtual quiebre con el que culminó el encuentro continental no deja de ser llamativo y, en cierta medida, inédito. Dada la indefinición, se convino que los 34 países participantes del encuentro esperarán lo que suceda en diciembre en Hong Kong, en la reunión de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Si allí Estados Unidos acepta una reducción en sus subsidios agrícolas, entonces Colombia organizará una nueva cumbre –sería en 2006– donde se discutiría la suerte del ALCA.
Las Cumbres de las Américas nacieron al compás del ALCA y ya en su primera edición, en 1994, hubo un acuerdo para lanzar el área de libre comercio en enero de 1995. Pero dadas las mentadas “asimetrías”, “una de las palabras más escuchadas ayer de boca de los funcionarios argentinos”, el tratado promovido por Estados Unidos fue ganando cada vez más enemigos hasta quedar paralizada hace 20 meses.
Desde la primera reunión de
negociadores por esta cumbre, Estados Unidos y sus aliados volvieron a la carga
por imponer una reapertura del ALCA. Pasaron las rondas de negociadores a los
cancilleres, de los cancilleres a los presidentes y la presión continuó, pero
sin el resultado buscado. Kirchner calificó lo de ayer como “histórico”, aunque
es probable que otros presidentes que participaron del debate no coincidan con
la apreciación.
Las sesiones en el reacondicionado salón Versalles del Hermitage habían sido
convocadas con todas las formalidades del caso. En la de las 9 se hablaría de
“Crear trabajo para enfrentar la pobreza” y en la de las 10.45 de “Crear trabajo
para fortalecer la gobernabilidad democrática”. Pero esos lemas duraron poco en
pie. Exactamente hasta que al presidente de México, Vicente Fox, le tocó hablar
y pidió que se trate el tema del ALCA. Kirchner lo cortó. “No es tema de esta
cumbre”, dijo y le dio la palabra al próximo orador. Enseguida, Bush se paró y
fue darle la mano a Fox en señal de agradecimiento.
Pero también habló el primer ministro de Canadá, Paul Martin, y a partir de allí
el ALCA se convirtió en el tema de la reunión, trastrocando todos los horarios
previstos. El presidente de Brasil, Luis Ignacio Lula da Silva, no participó. Se
fue temprano porque debía preparar la visita de Bush que pocas horas más tarde
saldría para Brasilia. Antes, dio una conferencia de prensa en la que confirmó
la postura común con Argentina y su visión de que si antes no se discuten los
subsidios agrícolas norteamericanos no tiene sentido entrar en deliberaciones
por el ALCA.
Pero se deliberó. La extensa Declaración de Mar del Plata consta de 76 artículos pero el debate estaba centrado en el fatídico 19. Panamá presentó una postura supuestamente de consenso, que enseguida se notó era el párrafo que Estados Unidos estaba dispuesto a conceder y que fue el que finalmente quedó por la posición mayoritaria. Era, obviamente, pro ALCA pero añadía un toque crítico, reconociendo las dificultades que había evidenciado la puesta en marcha del área de libre comercio. Admitía las asimetrías pero, al decir de un funcionario argentino, “estaba lleno de conceptos valorativos”. Por ejemplo, expresaba el “compromiso” de alcanzar un acuerdo (ver aparte). “No queremos ningún compromiso. Primero que Estados Unidos baje los subsidios”, explicó un negociador argentino. Los panameños no aceptaron el rechazo.
–Acá hay 29 países que piensan
una cosa y sólo cinco que están en contra –dijeron.
–Estoy asombrado por un planteo de esta naturaleza, no es cuestión de votos sino
de consenso. No creo que quieran enemistarse con el 75 por ciento del PBI de
América del Sur –respondió Kirchner.
A la posición panameña se sumó Bush y el resto de los pro ALCA. Hubo cuarto intermedio y negociación. El colombiano Álvaro Uribe y el chileno Ricardo Lagos se mostraron como los más interesados por llegar a un consenso. “El texto es muy parecido al del Mercosur, ¿por qué no lo aceptan?”, medió Uribe. “Si es muy parecido porque ustedes no votan el nuestro?”, le respondieron.
Poco después Bush tuvo que
irse. A las 16 estaba prevista la salida del Air Force 1 hacia Brasil. Kirchner
buscó mostrarse contemporizador. Anunció a los presidentes que Bush se iba, pero
porque ya estaba así estipulado, que no tenía nada que ver con el cariz que
había tomado la sesión. Tuvieron un breve diálogo de despedida. Kirchner le dijo
que a pesar de las diferencias que pudieran tener había sido agradable tenerlo
de visita en el país. Bush le agradeció y prometió volver para ir a andar en
bicicleta por las montañas o a pescar al sur. Y dejó como despedida ese
desconcierto por la suerte del planteo que había llevado al encuentro.
Las deliberaciones siguieron, con una discusión que se volvía cada vez más
puntillosa. En el protocolo inicial, cada presidente expondría, se haría un
break para un almuerzo de gala y más tarde se seguirían con las conclusiones,
que serían expuestas en una conferencia de prensa. Todo se fue al diablo. Los
presidentes salían para picar algo y volvían al salón en inusual actividad para
un encuentro de este nivel al que, por lo general, se llega con todo resuelto.
Una conferencia de prensa del canciller Rafael Bielsa anunciada a las 13, se
hizo seis horas más tarde.
Luego de que se barajara la posibilidad de cerrar el largo debate sin documento, los representantes de Estados Unidos vieron como un mal menor que saliera una declaración con las dos posturas. Pero querían que aparecieran los nombres de los países que las avalaban, para dejar constancia que eran 29 contra 5. El Mercosur tampoco aceptó y arregló el impreciso “algunos miembros” y “otros miembros”. El texto definitivo preparado por Alberto Fernández, Roberto Lavagna y Bielsa tuvo la aprobación de los socios del Mercosur. Afuera ya atardecía y Mar del Plata, de a poco, comenzaba a recuperar su vida cotidiana.