
El presidente norteamericano, George W. Bush, y su mujer, Laura, en momentos en que bajan del Air Force One, en Mar del Plata.
Por
Fernando Cibeira y Laura Vales
Desde Mar del Plata
Del lado de afuera de las vallas, una ciudad empapelada de afiches “W go home”.
Del lado de adentro, negociadores con dificultades para acordar el documento
final. Este es el panorama en el que hoy 33 presidentes del hemisferio van a
comenzar la Cumbre de las Américas, con una sesión plenaria convocada con el
título “Crear trabajo decente”. En ese punto todo va a ir sobre ruedas, ¿a quién
se le ocurriría proponer algo así como “empleo indecente”? Pero la cuestión de
fondo –la pretensión norteamericana de reimpulsar el ALCA versus el rechazo de
un puñado de países latinoamericanos, en minoría pero hasta ahora firmes– sigue
totalmente trabada, incluso luego de un llamado telefónico de ayer del canciller
Rafael Bielsa a la secretaria de Estado, Condoleezza Rice. Las posturas parecen
tan difíciles de conciliar que anoche los negociadores evaluaban la posibilidad
de que la declaración final refleje las dos posiciones, un hecho inédito. Cuando
del lado de adentro se retome el debate, del lado de afuera habrán empezado las
marchas contra el área de libre comercio y la militarización que encarna la
figura del presidente George W. Bush.
En anticipo de la tensión que supone el día, el jefe de los policías bonaerenses
que están en el anillo exterior, el comisario Daniel Rago, tuvo un infarto y
terminó internado. El gigantesco operativo de seguridad fue reforzado –si es que
todavía era posible– con la llegada de los presidentes. La mitad de los jefes de
Estado ya están aquí y entre la madrugada y la mañana de hoy llegará el resto.
La ceremonia de inauguración de la IV Cumbre está prevista para las 16. Néstor
Kirchner y George Bush tendrán su primer encuentro cara a cara antes, a las 10
de la mañana, con una agenda de temas abierta pero que se descuenta que estará
dominada por las negociaciones argentinas con el FMI y las pretensiones
norteamericanas sobre el ALCA (ver aparte).
La propuesta de creación de un área de libre comercio continental está
estrechamente vinculada al proceso de las Cumbres de las Américas. En la primera
de ellas, en 1994, el gobierno norteamericano impuso el proyecto con el aval de
los países del sur, entre ellas el de Argentina, por entonces gobernada por
Carlos Menem. El compromiso fijado fue que el ALCA debería entrar en vigencia en
enero de 2005. Pero el plazo se cumplió con el tratado en el freezer. De hecho,
hace 20 meses que no existen conversaciones sobre el tema.
La intención de la administración Bush es fijar en el documento final de esta
Cumbre el compromiso de reencauzarlo en una fecha concreta: proponen junio de
2006, pero eso es negociable. El respaldo al ALCA no se limita a las
administraciones del Norte. De hecho, está siendo motorizado por el gobierno de
México con la adhesión de 21 países sobre los 34 involucrados. Como se sabe,
Venezuela sostiene una posición de rechazo absoluto. Entre ambos polos, la
Argentina junto al Mercosur hizo un planteo propio en el que se pide
contrapartidas. El texto del Mercosur reconoce que la propuesta del ALCA está
aún en vigencia, pero lo diluye en una promesa genérica, del estilo “los
responsables de comercio” van a “evaluar el proceso y a hacer recomendaciones”.
El ministro de Economía, Roberto Lavagna, lo explicó en la reunión que mantuvo
el miércoles con empresarios al exigir la baja de los millonarios subsidios
agrícolas que sostiene Estados Unidos. “O la liberación es global o estamos en
presencia de un comercio administrado a favor de algunos y en perjuicio de
otros”, dijo el ministro.
Incomunicados
Bielsa intentó desatar el nudo del documento eliminando las intermediaciones.
Llamó a Condoleezza Rice, quien en ese momento viajaba junto a Bush a bordo del
Air Force 1. Fue un diálogo de media hora, con momentos de tensión. El canciller
argentino le explicó la propuesta del Mercosur y la traba que se había planteado
en las tratativas. Rice, al parecer, no fue muy contemplativa. Dijo que Estados
Unidos quería que de esta Cumbre surgiera un avance concreto en el tema ALCA.
Según versiones, el canciller argentino habría aceptado algunas de las visiones
de Rice. Según otras, derivó la respuesta en el Mercosur, dando a entender que
no estaba en sus manos resolver la cuestión sin consultas. Cortaron la
comunicación y las negociaciones seguían estancadas. La resolución, superadas
todas las instancias previas, quedará en manos de los propios presidentes.
Dado que no se veía una salida a tiro, en la Cancillería argentina mencionaban
la posibilidad de un documento final con dos párrafos sobre el ALCA. En uno se
expresaría la versión de la mayoría, y en otro la del Mercosur y Venezuela.
Sería extraño porque dejaría una constancia pública del grado de división del
continente. La intención de Bush de participar de este ámbito no es justamente
la de ganarse nuevos problemas, que ya bastante tiene, tanto en lo exterior como
en lo doméstico. Más bien su deseo es mostrarse como líder de un grupo de
presidentes que le reconocen su supremacía, aunque a veces le muestren los
dientes. Hasta dónde está dispuesto a tirar de la cuerda el norteamericano,
entonces, podrá apreciarse en las próximas horas.