III Cumbre de los Pueblos de América
Todos quieren saber del ALBA
María Julia Mayoral e Ismael Francisco (fotos)
Enviados especiales
MAR DEL PLATA, 2 de noviembre.—En la Universidad Nacional de esta ciudad argentina hay no menos de 10 debates simultáneos durante la sesión matutina de la III Cumbre de los Pueblos de América. Cada uno examina temas importantes: prácticas neoliberales en el ámbito del comercio, lucha social en Estados Unidos, deuda externa, intervencionismo extranjero, protección de los derechos humanos, pobreza, democracia... Sin embargo, uno de los foros provoca la mayor atención; han tenido que cambiarlo de sala para dar cabida a la cantidad de asistentes.
El debate sobre el ALBA, uno de los más concurridos.
Y
se entiende fácil por qué. Allí discuten sobre la Alternativa Bolivariana para
las Américas (ALBA): un camino que ya construyen Venezuela y Cuba para hacer
realidad la integración deseada por los pueblos de la región, sobre bases de
justicia social y distribución equitativa de la riqueza.
Están reunidos en el aula universitaria experimentados combatientes populares, alumnos de distintas naciones y niveles de enseñanza, dirigentes de organizaciones y movimientos sociales, muchachos a quienes la falta de amparo laboral les empieza a golpear con fuerza...
La Universidad Nacional de Mar del Plata, entre los principales escenarios de la Cumbre.
Los jóvenes son la mayoría. El nicaragüense Julio José Pérez García y la estudiante paraguaya Leticia Duarte, son parte de esa ola de juventud que se ha dado cita en el recinto, pues desean saber más de un proyecto —afirma él— "esperanzador"; "decididamente necesario para enfrentar el ALCA", comenta ella, aunque "a decir verdad —agrega la muchacha—, nos cuesta trabajo enterarnos de los detalles prácticos del ALBA porque a los medios de prensa en nuestros países no les interesa darle publicidad".

Para Paraguay, explica Leticia, el ALCA ha traído solo ventajas en los discursos, pues no se ha cumplido ninguna de las promesas de mejoría económica.
En opinión de la uruguaya Ana Julia Piola, el ALBA significa decirle al Gobierno de Estados Unidos que en esta parte del mundo tampoco queremos seguir viviendo en la miseria, cada vez más explotados. Sin ALBA, sostiene, no hay futuro para los pueblos de América Latina, y eso debe ser comprendido por nuestra gente.
Adriana Lego, también de Uruguay, piensa que las alternativas para socavar y vencer la dominación del imperialismo estadounidense "están tan lejos o tan cerca del presente como lo permitamos los de abajo". No podemos permitir, ilustra, que los gobernantes digan: no podemos abrir empleos, aumentar salarios, mejorar la salud, ofrecer educación de calidad..., porque no hay dinero, no hay recursos; mientras en un año salen del país millones de dólares para pagar la deuda externa, lo cual equivale a la suma del presupuesto del Estado durante cinco años.
Alumna de quinto año de Ciencias Sociales en la Universidad Nacional de Mar del Plata, Emilee Segura, opina que los grandes medios de comunicación siguen presentando los planes de la Casa Blanca "como si fueran la gloria". "Por la televisión pusieron en estos días a un chofer de taxi que decía: `estoy feliz con el ALCA....'; el pobre hombre se ha creído el cuento; pero otros muchos se han dado cuenta del embauque, del avance de los planes yankis ahora mediante los acuerdos de libre comercio.
Emilee está trayendo a sus dos hijos a los debates de la III Cumbre de los Pueblos, y se satisface por ello: "No quiero que sean chicos enajenados, sin saber los problemas a su alrededor; la vida es lucha, y no se puede pelear si desconoces la verdad de las cosas".
Aunque el foro termina al filo del mediodía, sus asistentes siguen la discusión en pasillos y en grupos pequeños a la salida del edificio donde se reunieron.
Del tema no solo conversan en la Universidad y en otras instalaciones donde sesiona la Cumbre; en la calle los delegados siguen hablando del tema, forman tertulias informales. Y al pie del complejo Polideportivo, unos folletos traídos por la delegación cubana vuelan como "pan caliente": se trata de los textos íntegros de la Declaración Conjunta, suscrita por los presidentes Fidel Castro y Hugo Chávez, con vistas a la aplicación de la Alternativa Bolivariana para las Américas, y el acuerdo posterior que le dio cauce.